Capítulo 1.
Abro los ojos.
Me encuentro en mi cama, con mi pijama puesto, en mi
habitación de paredes blancas cubiertas de posters.
Es raro. Apenas recuerdo lo que pasó ayer. Tengo lagunas.
Solo recuerdo estar bailando en la discoteca de moda de la
ciudad mientras que me mejor amiga se liaba con un tío que conoció apenas unos
minutos atrás.
Lo que venía a continuación eran imágenes confusas. Tomarme
una copa. Escuchar un grito. Salir corriendo. Un dolor punzante, a la altura
del corazón.
Puede que todo esto pasara o fuera solo alucinaciones
provocadas por las drogas.
Con el pelo moreno revuelto y la cabeza dándome vueltas, me
levanto de la cama. Estar en casa y no recordar nada solo significa que llegué
hecha un asco. Y como no podría ser menos, mis padres estarían al tanto de
todo.
Preparada para la mayor bronca de mi vida, bajo las
escaleras rumbo a la cocina.
Apenas salgo de fiesta, más que nada porque suelo estar
castigada sin salir, pero cuando lo hago, lo mío es un desfase. Por lo poco que
recuerdo, esta última ha sido la que más se me ha ido de las manos.
Mientras que bajo las escaleras solo escucho silencio. Ni la
radio dando malas noticias, ni la batidora, ni mi hermana dando la lata con lo
importe que es reciclar. Esto también es raro.
Efectivamente, no hay nadie abajo. En cierto modo, es mejor,
ya que me ahorro el castigo y los gritos durante un corto periodo de tiempo.
Así podré pensar una excusa. Me tomo un espidifen para el dolor de cabeza y me
tumbo en el sofá. Enciendo la tele y, sorpresa, no hay señal. Con resignación
me levanto me dirijo a la habitación de mi hermana, puede que siga durmiendo.
- ¿Sam? ¿Tú sabes dónde están papá y mamá? – pregunto –
Samanta, despiértate, anda.
Abro la puerta de la habitación. No hay nadie.
Seguro que se han ido en plan familia feliz a comprar al
supermercado. Siempre aprovechan cualquier oportunidad para salir los tres sin
mí. Antes de que yo llegara a la familia, era la típica familia perfecta
compuesta por un enamorado matrimonio y su preciosa y buenaza hija. Yo le di el
toque de rebeldía. Siempre he sido una chica lo que se diría “difícil”.
Voy a coger mi móvil para llamar a Eli, mi mejor amiga. Su
número está es favoritos, lógicamente. Me pego el móvil a la oreja y espero. No
da señal. Esto también es raro. Eli no podía estar en un lugar sin cobertura.
Imposible. Vive con el móvil pegado en la mano.
Mi instinto me dice que está pasando algo malo, no sé muy
bien el que, pero llevo desde que me desperté con esa sensación. Mi cerebro
dice que es imposible que esté pasando nada. Sin embargo, me fío más de mi
instinto. Siempre he sido fiel a él. Quizás haya metido la pata muchas veces
por su culpa. Así que voy a mi habitación, me quito el pijama y me pongo unos
vaqueros y una sudadera, y con la misma, bajo corriendo las escaleras y salgo a
la calle.
No hay nadie. Nadie ni nada. La calle está desierta y las
luces de las casas apagadas. Un silencio descomunal rodea el ambiente. El
pánico se apodera de mí. ¿Qué está pasando? ¿Dónde está todo el mundo?
“Cálmate Amanda, solo es un sueño” Aunque intento relajarme,
no pienso que esto sea un sueño. Estoy muy segura de que esto es real. Muy
real.
Sigo recorriendo calles hasta llegar al centro de la ciudad,
todas ellas vacías y sin indicios de vida. Como era de esperar, en el centro
pasa tres cuartos de lo mismo, está desierto.
Continúo andando, hasta que escucho voces y pasos
provenientes de una bocacalle. De nuevo, mi cerebro me dice que me acerque a
ellos y les pregunte dónde está todo el mundo; mientras que mi instinto me dice
que escuche la conversación, sea como sea, pero que no pueden ver, porque esas
personas son malas. Y de nuevo, le hago caso a mi instinto.
Me pego a la pared y mantengo le aliento, mientras que
intento escuchar lo que esas dos voces, ambas masculinas, están diciendo.
-
¿Cuántas ciudades llevamos? – pregunta una voz adulta.
-
Catorce, puede que quince – responde la joven, con
indiferencia.
-
¿Y aún no hemos encontrado lo que estamos buscando?
-
No, aún no.- contesta después de un silencio - No seas
impaciente Einar, tenemos todo el tiempo del mundo. Sin embargo…
-
¿Sin embargo qué, Axel?
-
Sin embargo, en esta ciudad noto una presencia.
¿Notar una presencia? Ni que fuera un medium.
-
¿Una presencia? – pregunta el supuesto Einar, con voz
esperanzadora - ¿Qué tipo de presencia?
-
¿No te han dicho alguna vez que la curiosidad mató al
gato? – dice entre risas Axel – Sabes que presencia es. El tipo de presencias
que estamos buscando.
“Tipo de presencia que estamos buscando” ¿Buscando para qué?
Creo que se refieren a mí. Pero no sé que puedo hacer yo para que me estén
buscando.
-
Ohhhhhhhhh, eso es fantástico, Axel. ¿Se lo digo
a Enzo?
-
No, aún no.
Es solo una suposición.
Termina la
conversación. Intento procesar la información: Destruyen ciudades. Están
buscando “algo”. Notan una presencia. Yo soy la presencia.
Sé que no puedo permanecer mucho tiempo aquí. Me puedes
descubrir en cualquier momento. Pero, ¿dónde me escondo?
Lo que quiero hacer es mirar los rostros de las personas que
estaban hablando, así que asomo lo más mínimo la cabeza para poder ver.
El más mayor, Einar, es un hombre menudo y regordete. Pelo
largo y canoso recogido con una goma en la nuca. Tiene una frondosa y
desaliñada barba color gris. Los ojos
pequeños y amarillos, protegidos por unas gafas redondas y grandes. Lleva una
camiseta demasiado ancha y sudada, supongo que para que no se le noten las
lorzas, y unos bermudas grises. Es el típico hombre que lo ves por la calle y
piensas: “Un Friki salido”
Sin embargo, Axel es otro mundo. Alto y musculoso, le saca
al menos dos cabezas a Einar. Tiene el pelo entre pelirrojo y castaño y le cae
por la frente, justo a la altura de los ojos grandes y verdes. Aunque esté en
mitad de una ciudad desierta, está sonriendo, supongo que porque ha encontrado
la “presencia” que estaba buscando. Al contrario que su compañero, lleva una
camiseta pegada e impecable, que marcan con perfección sus pectorales y
abdominales. Lleva una especie de arma colada al hombre, puede que sea una
espada. Mal asunto, si es así. Se nota que él debe de ser el cabecilla del
grupo, tiene toda la pinta. Sin duda, este es el tipo de chico que ves por la
calle y piensas: “buenorro”.
Creo que me he quedado demasiado tiempo mirando, ya que la
sonrisa se le desaparece y vuelve la cabeza hacia mi escondite.
Afortunadamente, me vuelvo a esconder antes de que me vea.
Con la respiración aún entrecortada, me apoyo en la pared.
No sé muy bien que está pasando, pero si de algo estoy segura es de que debo de
irme de aquí.
Antes de salir corriendo, vuelvo a mirar hacia los extraños
compañeros. No hay nadie. ¿Cómo se han podido ir tan rápido?
No me lo pienso dos veces, y corro.
Sin destino.
No sé a donde ir ni que hacer, pero lo único que sé es que
me están buscando.
Y si quiero sobrevivir, debo de huir.
Gurrrrrrlssssss.
ResponderEliminarHoli, me encanta la idea de que hayáis creado un blog :3 Dalmer ya lo conocía y Aldemond me gusta :)
Así que espero que os vaya muy bien,que os lea mucha gente y que vuestras historias gusten.
Y dicho esto voy a seguiros en blogger.
Un beso <3.
Muchas gracias Andreaaaaaaaaaa<333
EliminarEspero que así sea jijijijiji
Te seguimos de vuelta. Un besiii.