sábado, 11 de mayo de 2013

Aldemond [Ana, Cristina y María]


                                                                                  CAPÍTULO 5.


- Hace tiempo dos hombre, dispuestos a cambiar la sociedad, a hacer al hombre más fuerte, invencible por decirlo de algún modo, empezaron a hacer mutaciones genéticas. Todo el mundo e incluso sus propias familias les tomaban por locos. Para demostrar que no lo estaban decidieron probar con ellos mismos y bueno, al principio todo salió bien, pero después empezaron a probar con más personas y algunas de ellas no aguantaban tal cambio en su genética, se convertían en verdaderos monstruos y al cabo de días terminaban muriendo. Entonces descubrieron que determinada gente aguantan más que otras, esos eran los que se hacían más fuertes y terminaban viviendo. Pero claro, esto no se sabía hasta que no se les hubiese cambiado el ADN y tenían el riesgo de morir. Pasado un tiempo en el ojo se hacía una pequeña mancha en forma de triángulo, como este- Lo dijo mientras se señalaba el ojo- a unos les sale a antes que a otros pero cuando tienes veinte años es muy probable que ya la tengas. Uno de estos hombres vio que seguir probando con personas inocentes era una atrocidad terrible y se reveló contra el otro. Paso el tiempo y el hombre que se reveló Richard Gentle tuvo dos hijos, este se dio cuenta que de que su hijo mayor también tenía la marca en el ojo pero el pequeño no, llegó a la conclusión de que las mutaciones se transmitían en los genes pero si tenías más de un hijo solo le tocaría al mayor. Richard decidió ir a hablar con su antiguo compañero para que parase de hacer mutaciones pero este no le hizo caso a sí que no tuvo más remedio de que todo lo que había sido creado tenía que ser destruido y las personas buenas que habían sido mutadas, tenían que estar escondidas. Pasaron años y encontraron una pequeña isla en el Pacífico, no habitaba nadie y allí se quedaron. Decidieron llamarla Aldominum y a las mutaciones aldemonds. Nosotros somos los aldemonds. Richard decidió hacer una barrera de invisibilidad y lo consiguió, al igual que hizo como una especie de portales para llegar hasta allí, repartidos dos por cada continente. Uno de ellos está en casa de Gladis, ya sabes porqué estábamos aquí.- Después siguió su relato- Parecía que trabajaba con magia, todo lo que pensaba o imaginaba lo tenía que realizar y así fue como consiguió hacer Aldominum. Poco tiempo después de que muriese Richard nos enteramos de que todavía siguen vivas las malas mutaciones y nosotros los aldemonds tenemos que terminar con ellas, pero son demasiadas y se están metiendo en las ciudades para secuestrar personas y hacer más, con el fin de dominar todo el mundo. Gladis ahora mismo está al mando de que esto no suceda, ella dirige en estos momentos Aldominum. Ella es la nieta de Richard.
Ravenscar, el chico del callejón, era una mutación, a estas las llamamos los Uglos.- Cuando terminó de contar esto se hizo un silencio.
- Carol, tu eres un Aldemonds, tienes la marca en el ojo- añadió- ¿Cuál de tus padres tiene la marca? O, ¿quizás la tienen los dos?


- No la tiene ninguno- dije en un susurro.


- Qué cosa más rara.- dijo.

 

- Espera. – digo sobresaltada. - ¿Has dicho Gladis? – pregunto todavía más sobresaltada.

 

- Sí. ¿Por? – pregunta él un poco pérdido.

 

- Gladis es mi tía. Pero…  Ella está muerta.

 

- No sé, no creo que fuese tu tía, si no te lo habría dicho.

 

- No ves que todo encaja, todo tiene sentido. Además si no fuese mi tía no estaríais en su

antigua casa.

 

Comienzo a pensar, ahora lo del ojo tiene sentido, es decir, mi tía, Gladis no tenía hijos por tanto pienso que quizás yo lo tenga porque soy su sobrina mayor. Se lo digo a Jason. Él está dudoso, no sabe si creerme porque dice que no es posible que se transmita si soy su sobrina. Pero si de verdad Gladis resultase ser mi tía, suponemos que debía de saber algo acerca de mi mancha. Así que decidimos ir a verla.

Llegamos a la casa, estoy un poco asustada. Veo a todos los chicos del otro día cuando atravieso un oscuro pasillo. Me miran con mala cara.

 

-Carol, ignóralos no saben que eres aldemond.

 

- Lo intentaré. Nota que estoy nerviosa. Me aprieta la mano y me entrelaza sus dedos entre los míos mientras que me sonríe, yo le devuelvo la sonrisa. Entramos a una oscura habitación iluminada únicamente por la llama de una vela situada en la mesa del escritorio.

 

- Gladis, te he traído a una muchacha que dice ser tu sobrina. Ella se da la vuelta lentamente.

 

- ¿Y cómo se llama? – dice mientras acaba de darse la vuelta.

 

- Caroline Lestran. – responde Jason fríamente.

 

Nos puedes dejar solas Jason. Se va y me deja con mi tía. La reconozco aunque está bastante cambiada. No hay duda es ella. Tiene la piel blanca y el pelo castaño con destellos rubios, la cara se le ve más arrugada.

 

-¿Qué te trae por aquí, chiquilla?

 

- Gladis, no me hables así. Sabes perfectamente quién soy.

 

- Sí, eres mi sobrina. ¿Y?

 

- ¿Y? Eso es lo único que se te ocurre después de que hayamos pensado durante cinco años que habías fallecido.

 

- ¿Por qué has venido?

 

- Porque todos los años en los días próximos a mi cumpleaños me ocurren unos sueños muy extraños en los que tú apareces, me está saliendo un extraño triángulo en el ojo; qué ninguno de mis padres tiene, me han explicado todo lo de los aldemonds; los Uglos, Richard Gentle y toda su familia a la que tú perteneces y por tanto yo también. Me suceden cosas muy extrañas y por eso vengo.

 

- Si ya sabes todo eso, que solucionas contándomelo.

 

- Quería saber si mi tía estaba viva. Si podía confiar en alguien más aparte de Jason.

 

- ¿Y por qué piensas que puedes confiar en mí?

 

- Porque eres mi tía y para mí has sido como mi madre, siempre has estado pendiente de mí. No entiendo el por qué te inventaste una falsa muerte. ¿Para alejarte de mí? -Y si es en ese caso, ¿por qué? – estaba a punto de llorar.

 

- Me invente todo eso para proteger mi identidad. Soy la nieta de Richard y estoy al mando así que no podía mantenerme a la vista durante tanto tiempo. Y ahora dime, ¿quieres ayudarnos a acabar con los Uglos?

 

- Claro que sí. – conteste mientras ella se acercaba a darme un abrazo.

 

Salimos de la habitación y en el mismo salón donde estuvimos hace un par de días, puedo ver a todos los chicos del otro día entre los que observo que está Jason. Mi tía comienza a decir que me he unido a ellos, que soy un Aldemond pero no menciona nada de que sea su sobrina. Se abre la puerta y entran Marco y Aéris.

-¿Qué hace ella aquí? – pregunta Marco.

 

- Es una aldemond.

 

- ¿Ella? – dice Aéris sorprendida.

 

- Sí, ella.

 

Mi tía acaba de hablar y se vuelve a su despacho, no parece la de antes. Es tan fría y calculadora, no me ha preguntado ni por mi madre. Me he quedado sola veo que Jason está hablando con un grupo de chicos y nadie se ha dado cuenta de qué estoy sola. Me siento en el sofá marrón del salón y veo que Marco se aproxima hacia mí.

- Carol, ¿sabe Mirla algo acerca de esto?

 

- No vine sola.

 

- No puedes contárselo, sería muy peligroso. Nos podría poner a todos en riesgo.

 

- No lo haré.

 

Me alejo del sofá, no quiero hablar con Marco. Me alejo a una pequeña sala que hay cerca del despacho de Gladis y descubro una foto en la que salimos Aéris y yo de pequeñas con ella. Sé que es ella porque me acuerdo perfectamente de ese día. Escucho que Gladis está llamando a alguien.

 

-Ha venido a mí. – dice Gladis.

 

No consigo escuchar al que está al otro lado del teléfono.

-¿Sospecha de ti? ¿Has hecho algo raro en todo este tiempo?

Estoy nerviosa, no sé si puedo confiar en Gladis, aunque a lo mejor no es nada malo. De repente entra Jason por la puerta.

 

-¿Qué haces aquí? – Llevaba buscándote un rato. Vamos, te llevaré a tu casa.

 

- Vale. – dije intentando evitar su pregunta.

 

Me lleva a mi casa, cuando entro mi madre estaba despierta pero no me dijo nada, supongo que sería porque era el día de mi cumpleaños.

- Hasta mañana mamá. Me voy a la cama.

 

- Hasta mañana cariño. – me respondió ella un poco nerviosa.

 

Me puse el pijama y me acosté, empecé a pensar, no ha sido de mis mejores cumpleaños, pero no ha estado mal. Por lo menos he descubierto bastantes cosas. Todavía me pregunto qué haría esa foto allí, y porque Aéris me dio ese collar si estaba en casa de mi tía, o a lo mejor mi tía le dijo que me lo diera. Me quede dormida y no pensé más.

 

                                                            

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario