Capítulo 8
Cuando me despierto, lo primero que veo es el techo blanco e impecable.
Lo último que recuerdo es coger la mano de Axel y desvanecerme de una misteriosa manera.
Me incorporo, y me doy cuenta de que estoy tumbada de una cama de matrimonio con sábanas negras y una colcha con estampados imitando a un periódico. Minimalista. Desde esta nueva perspectiva, puedo observar mejor la habitación. Es enorme, y para mi sorpresa, poco decorada. Un sofá gigantesco y negro encabeza la habitación, delante de una televisión plana. Un poco más a la izquierda, una cocina que juega con los colores blancos y negros y una mesa grande de cristal rodeada de sillas con tapicería de cuero blanca y negra. Al lado de mi cama, hay un armario empotrado y una mesita de noche. Nada más. Un estudio minimalista. Me percato de que se escucha el agua caer, como si se estuviesen duchando, entonces me doy cuenta de que hay una puerta negra junto a la cocina. Un baño. Un baño donde Axel se está duchando. Desnudo. La idea de entrar y de pillarle infraganti es bastante tentadora.
Aún tumbada en la cama, me doy cuenta de algo que no había visto, algo que había mirado pero no había visto. Una enorme terraza al lado de la cama.
Me levanto y me dispongo a observar las vistas que hay desde el estudio. Lo primero que siento al salir, es el viento helado golpear en mi cara. Lo segundo que siento es estar en el paraíso. Unas vistas impresionantes se muestran ante mí.
La enorme avenida con árboles enfrentados delante de la carretera, me deja sin habla. Un montón de tiendas de lujo se hallan en la avenida. Tiendas que se quedarían sin ropa si tuviera dinero para comprar la impresionante ropa que venden. Al final de la avenida, hay un arco enorme y blanco, un arco romano. La ciudad se cierne alrededor suya. Puedo distinguir un río con puentes a lo lejos. Un mezcla de edificios modernos y clásicos de una belleza enorme. Una torre de hierro tan alta que roza las nubes.
La torre es la Torre Eiffel, el arco es el Arco del Triunfo, la avenida son los Campos Elíseos y yo estoy en París. París. Estar en París siempre ha sido mi sueño. La ciudad de la moda. La ciudad del amor. París. ¿Será un sueño? Espero que no lo sea.
- Por fin se ha despertado la bella durmiente.
Cuando casi ya estaba convencida de que no era un sueño, giro la cabeza y veo a Axel con el pelo mojado, el torso desnudo y una única toalla que le tapa la cintura (y lo que hay sobre ella). Definitivamente es un sueño. Sin que me vea, me pego un pellizco en el brazo para ver si esto es real. Lo es.
- Venga Amanda, sé que mi esbelta figura te ha dejado sin habla, pero intenta decir algo.
- Que creído te lo tienes.
Con una risita, entra en la terraza, como si el frío o el hecho de que esté medio desnudo a la vista de todo París no le importara.
- ¿No te va a dar frío? – pregunto, para romper el hielo.
- No, tranquila, tengo un cuerpo de hierro. Además, quería probar como te sentías al estar desnuda en medio de la civilización. ¿Te importa si me quito la toalla?
Sin quererlo, me pongo roja como un tomate y le pego un puñetazo en el hombro. Lo único que hace Axel es soltar otra de esas risitas suyas que me vuelven loca.
- Antes de que te quites la toalla, ¿me vas a decir donde estamos?
- En París.
- No me digas.
Se gira hacia mí y me mira de arriba abajo, y después de unos segundos eternos dice:
- Deberías ducharte, hueles a perro muerto.
Muy guapo, muy sexy, muy tierno, pero también muy gilipollas.
- ¿Dónde estamos?
- Este estudio se lo regaló Enzo a una de sus ex mujeres por regalo de cumpleaños.
La idea de que alguien se casara con Enzo me producía arcadas.
- ¿Y ahora donde está?
- Muerta.
Tragué saliva. La dureza con la que había dicho esas palabras, delató que él tenía algo que ver con su muerte.
- ¿Qué le pasó?- pregunto, aunque ya me sospecho la respuesta.
- Enzo me pidió que la matara. Así fue.
Que era un asesino no era algo que no me debería de sorprender, pero sin embargo, lo hace. Ese chico tan sumamente perfecto, escondía una oscura identidad. Un asesino en manos de su tío. Aunque siempre me he sentido segura a su lado, ahora me siento un poco asustada. ¿Y si cambia de planes y me delata? ¿Y si todo esto es un plan? ¿Y si esa apariencia de perfección es fingida? Aunque una parte de mí piensa eso, la otra gran mayoría me dice que no me asuste, que con él estoy segura. Espero que sea verdad.
- Debería de ducharme. De hecho, estoy deseando ducharme.
- Si te doy un consejo, mejor date un baño. No soy yo el que paga el agua.
Le dedico una sonrisa y salgo de la terraza, mientras que Axel se gira hacia mí.
- ¿Ves esa bolsa blanca de tela? Ahí tienes todo lo que necesitas para ponerte guapa. Me he aventurado un poco en comprarte la ropa interior, pero con el tiempo que te he estado observando me ha sido suficiente para averiguar tu talla de sujetador.
Con cierta sorpresa, abro la bolsa blanca. Dentro me encuentro de todo: una máquina de depilación, maquillaje, una plancha de pelo, un conjunto de sujetador y bragas de encaje muy provocativo… Y ropa. Ropa de verdad. Un jersey de lana azul por abajo, que se va aclarando poco a poco hasta ser blanco y llegar al cuello; unos pantalones vaqueros de pitillo un poco desgastados; una gabardina beis, y unos botines de tacón negros con tachuelas. El conjunto más impresionante que he visto en mi vida.
- Cierra la boca que te entran moscas.
Estoy impresionada. Acabo de añadir “buen gusto” en la lista de cualidades de Axel.
- Muchas gracias.
- Sería un delito estar en París y llevar esas pintas. Venga, arréglate rápido que te invito a comer.
Con un nuevo agradecimiento en los labios, cojo la bolsa de tela y me voy al baño.
Me iba a dar un baño de verdad, iba a tomar una comida de verdad, iba a llevar ropa de verdad, estaba en París y estaba con Axel. Parecía demasiado perfecto para ser real.
Me deshice de mi ropa sucia y la arrojé a un rincón. La bañera ya estaba llena de agua caliente, ardiendo. Necesitaba meterme ahí dentro.
Metí primeros las piernas, notando como el calor subía por ella, y poco a poco fui bajando el cuerpo hasta estar totalmente metida en la bañera. Cerrando los ojos, me sumergí, disfrutando del contacto del agua caliente en mi cara, en mi cuerpo.
No sé cuanto tiempo llevo en la bañera. Quizás segundos, quizás minutos, puede que horas.
- Amanda, ¿te has muerto?- dice Axel, detrás de la puerta.
- Sí
- Iré preparando el funeral.
Me rió, más de lo que se merece el comentario. ¿Por qué? No lo sé.
- Llevas más de una hora ahí dentro, date prisa que me estoy muriendo de hambre.
- Ya voy, solo me queda salir de la bañera.
Axel suelta un suspiro impaciente ante cualquier tipo de respuesta.
Al salir de mi paraíso con forma de bañera, me miro al espejo.
Quedan pocos restos de la chica guapa que solía ser. Unas enormes ojeras debajo de los ojos, delatan mis pocas horas de sueño. La cara la tengo muy chupada debido a los kilos que he perdido, casi se me notan las costillas, y apenas hay rastro de mis caderas. Tan bajita como soy, y con este cuerpo tan flacucho, con una bocanada de viento podría salir volando. Parezco un mono, tengo todas las piernas llenas de pelos, por no hablar de las ingles, las axilas, el bigote y las cejas. Definitivamente, no ha restos de la chica guapa que solía ser.
Enchufo la máquina depilatoria y me pongo manos a la obra. Con suerte, podré ser de nuevo una chica en unos minutos.
Cuando salgo del baño, Axel me espera impaciente sentado en el sofá.
- Dios, ya era hora…-empieza a decir, pero se queda a medias cuando me ve. No sé si será por mi cara sin ojeras, mi pelo liso o el tipito que me hacen estos pantalones, pero Axel se queda sin habla. Me hecha una mira con ¿deseo? Sí, esa puede ser la palabra. Me desea. Estoy segura.
- Ahora el que se ha quedado sin habla con mi esbelta figura eres tú. Di algo, anda.
- Aunque lleves unos taconazos, te saco dos cabezas y media.
Sí, venga, cambia de tema.
- Eso es porque soy una enana.
- Eres una pequeñaja realmente sexy- dice con una sonrisa picarona en la boca.
Le devuelvo la sonrisa y él suelta su risita. Este tonteo no es normal.
- Vámonos, pequeñaja, que me muero de hambre.
- ¿A partir de ahora me vas a llamar así siempre o qué?
- Sí, ahora para mí eres pequeñaja. Mi pequeñaja.
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