Capítulo 2.
Puede que lleve días, semanas o incluso meses huyendo.
Huyendo de unas personas que no sé ni quiénes son ni qué quieren de mí. Dos
nombres con dos rostros. Uno de ellos me persigue siempre en sueños. Axel.
Por ahora llevo bien la soledad, pero es por las noches
cuando me derrumbo. Pienso en mi familia y en mis amigos. Me los imagino en una
mazmorra oscura y húmeda; gritando y llenos de heridas sangrientas. También me
los imagino muertos, pero prefiero la otra opción.
Algunas veces, encuentro cortijos en mitad del campo. Me
aseguro de que no hay nadie y entro. Ahí busco comida, intento coger cobertura
(siempre sin éxito) y algunas veces duermo. Está bien dormir en una cama de vez
en cuando.
No he tenido ningún encontronazo con nadie, pero sí he notado
un par de veces una sombra detrás de mí que me seguía por todas partes. Mi
cerebro me decía que no me preocupara, que podría ser un animal o simples
imaginaciones mías; pero de nuevo, mi instinto tan por culero como siempre, me
decía que esa sombra era una persona. Por si acaso, cogí una escopeta y balas
que encontré en el granero de uno de los cortijos. En mi vida he disparado y,
me veo incapaz de matar a alguien, pero si no hay otra opción, habrá que
disparar.
Estoy en un bosque de árboles sin hojas. Ya empieza a hacer
frío. Lo peor que podría pasar, teniendo en cuenta que duermo al raso. Espero
encontrar civilización pronto.
Ahora mismo estoy en una cabaña en mitad del bosque. Lejos
de la ciudad, espero. Antes de abandonarla para siempre, fui a casa y cogí una
mochila con la ropa y la comida necesaria para algunas semanas. Ya se me está
acabando.
La cabaña es pequeña, supongo que de caza, ya que tiene
varias armas que ya he metido en mi mochila. El único mobiliario que tiene es
una mesa, una silla y un armario con algunas latas de despensa. Encima de la
mesa hay una radio. He intentado buscar señal, pero todo se ha quedado en un
intento.
Me apoyo en la mesa y cierro los ojos. Lo único que puedo
hacer ahora, es descansar.
Estoy en un prado con mi familia. Estamos vestidos de blanco
y, aparentemente, lo estamos pasando bien. De repente todo se vuelve oscuro, y
corro en su busca, gritando sus nombres.
-
¡¡AMANDAAA!! ¡Estoy aquí!
La voz de mi madre.
Sigo buscándola a ciegas, hasta que veo una luz. Ilumina a
un chico alto, musculoso y de pelo color cobre. Axel.
-
Te estaba buscando, Amanda – dice esbozando una
siniestra sonrisa.
A sus pies se encuentra los cuerpos sin vida de mi hermana y
de mi padre, con el cuello abierto y un charco de sangre alrededor. Mi madre va
a tener el mismo destino.
Grito.
Todo sigue igual. Me encuentro en la pequeña cabaña del
bosque; sentada en la silla y con el cuerpo echado en la mesa.
“Ha sido un sueño, solo ha sido un sueño”
Más bien una pesadilla.
Me incorporo en la silla. ¿Cuánto tiempo habré estado
dormida?
Mientras que me como una barrita energética, la radio
empieza a sonar. Primero son palabras sueltas:
- Encontrado… delgada… ojos avellana… cabaña… suerte…
Después de mover la ruedecilla un par de veces, por fin se
escucha una frase completa:
- Ya la hemos encontrado. Se llama Amanda Grimaldi Soto. 16
años. 1’58. Delgada. Pelo largo, liso y moreno. Ojos color avellana. Se
encuentra en una cabaña de caza a las afueras de Murcia. Buena suerte, Axel.
Mierda.
No sé en que momento decidí salir corriendo de la cabaña,
pero ahora me encuentro a un kilómetro de ella.
“Corre, corre, corre” Solo puedo pensar en eso.
No voy a salir de esta. Lo estoy viendo.
Me paro. ¿Cuánto tiempo llevo corriendo? No lo sé, pero el
corazón está apunto de salirme por la garganta.
“No te pares, estúpida, sigue corriendo” Así lo hago.
Sigo estando en el bosque, ¿a caso me he perdido? Sí, me he
perdido. Estoy dando vueltas. Genial.
Veo una sombra, a lo lejos. Seguro que es la de un animal.
“No, no es la de un animal” Puto instinto. Poco a poco veo la sombra con más
claridad. Ahora se ha transformado en un chico alto, musculoso y con el pelo
color cobre. Axel.
- Hola Amanda, te estaba buscando – dice esbozando una
siniestra sonrisa.
Mierda.
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