miércoles, 15 de mayo de 2013

Dalmer [Carmen]



Capítulo 9.

-         Cuéntame algo sobre ti.
Axel y yo caminamos por el aristocrático parque Monceau. Los rayos de Sol pasan entre las columnas que bordean el lago, reflejándolos en las aguas cristalinas. Los árboles presentas los colores marrones y naranjas típicos del otoño, sin apenas dejar rastro de las preciosas hojas que florecieron en sus ramas en primavera. Los turistas pasean por el parque, se tumban en el césped y hacen fotos a todo lo que se movía. Una estampa realmente preciosa.
-         Amanda, te estoy hablando a ti.
Desde que salimos del estudio, no paraba de mirar todo con un gran asombro. París es impresionante, y aunque Axel también lo es, prefiero prestarle más atención a la ciudad.
-         Ya sé que me estás hablando a mí.
-         ¿Y no me contestas?
-         No, lo siento.
Todavía tengo en la boca la mezcla de sabores dulzones y salados de los dos platos de mugré de pato y los tres de tarta de chocolate que me había zampado en el exquisito y carísimo restaurante donde me había llevado Axel.
Todavía siento la mirada de repugnancia de la mujer rubia de bote con ajustada ropa de Channel de la mesa de enfrente al verme comer con tanta ansia.
Todavía escucho la risa de Axel ante tal panorama, cosa que hacía que la mujer rubia de bote nos mirara a los dos con mayor repugnancia aún.
-         Miles de mujeres desearían estar en la ciudad del amor conmigo, ¿y tú no aprovechas la oportunidad? Que decepción Amanda.
-         Que pesado que eres, si tanto te aburres vete, yo voy a seguir paseando por aquí sin decir ni una sola palabra.
Ante tal comentario inesperado para Axel, me echa una mirada dubitativa. Por un momento pienso que se iba a dar la vuelta y dejarme sola, pero finalmente suelta un suspiro y sigue andando al frente.
-         No te vas a librar de mí tan fácilmente, pequeñaja.
Lógicamente, eso me hace sonreír como una retrasada subnormal.
A lo lejos, veo un grupito de chicas de más o menos mi edad, solo que mucho más altas, guapas y tetonas. Mientras que siguen caminando hacia delante, sueltan risitas y miradas de coqueteo a Axel. Lo que faltaba, vaya. Parece que no se dan cuenta de mi presencia hasta que casi se abalanzan sobre Axel. Una mirada envidiosa surge de cada una de ellas. A mí, sin embargo, me encanta ser el objeto de envidia de unas furcias francesas.
Haciéndome un caso ínfimo, se acercan a Axel, y le dicen algo en francés. Este suelta una carcajada, me mira y niega con la cabeza. Fijo que le han preguntado si somos novios. Vaya unas guarras.
Para mí sorpresa, las chicas ponen cara de decepción y se van, no sin antes mirarme otra vez con la envidia contenida.
-         ¿Esto te pasa constantemente o es que esas chicas estaban desesperadas?
-         No puedo salir a la calle sin que esto pase. No sabes lo duro que es.
-         Pobre Axel, debes de sentirte mutilado.
-         Ni te lo imaginas.
Le miro con ironía y este se muerde el labio, con una cara de preocupación claramente fingida. La próxima vez que haga eso, creo que no voy a poder contenerme.
-         ¿Y qué querían las enanas desesperadas?
-         Tenían más o menos tu edad y eran mucho más altas que tú y eso que llevas tacones, ¿dónde ves tu enanismo? Que celosa que eres.
-         ¿Me contestas a mi pregunta?
-         Me han preguntado que si les podía dar el teléfono. Como tu comprenderás, intentar ligar en una cita y que no sea con tu cita, es lo más perro de este mundo, así que les he dicho que no.
¿Cómo?
-         Espera, espera, espera, ¿has dicho que esto es una cita?
-         ¿Y qué es si no?
-         Todo menos una cita. ¿Te recuerdo que estamos huyendo de un loco que quiere dominar una nueva especie humana extrayéndome las dos almas y fundiéndolas en una?
-         Te he comprado una ropa preciosa, te he llevado a un restaurante carísimo y estamos paseando por uno de los parque más bonitos de París, ¿tú qué crees que es esto?- dice, como si fuera la cosa más obvia del mundo.
-         Ser amable.
“¿Axel amable? Amanda, que ingenua eres”.
-         Podría proponer este plan a cientos de chicas y todas me dirían que sí, ¿por qué eres tan desagradecida?
¿Desagradecida? ¿Pero de qué va este flipado? Que sea un cabrón sí, está bien, pero todo tiene un límite y Axel ya lo ha cruzado.
- Eres un motivado de mierda. Corre, vete a pedirle a las chavalas esas que follen contigo, seguro que aceptan. ¡Haz una orgía de paso! Oh sí, que buena idea. Así todas podrán adorar al magnífico Axel. Dios divino del olimpo. Belleza ingrata. Cuerpo de infarto. Con suerte un día de estos te pasan el VIH. Gilipollas.
Montar numeritos es lo que mejor que se me da. Miro por última vez a Axel, que está con la cara descompuesta, y sigo hacia delante. Cuanto más lejos esté de él, mejor.
-         Vamos Amanda, no te pongas así- escucho desde atrás mía.
Rápidamente me alcanza y me coge del brazo, deteniéndome.
-         Parece ser que tienes más coeficiente intelectual que el resto de chicas con las que intento ligar y te has dado cuenta de que soy un capullo, ¿no es así?
-         Si intentas ligar conmigo de esa manera, mal vamos.- respondo, con la mayor dureza posible en mi voz.
“Que mentirosa, ya te tiene enamorada”
Oh, vamos, cállate.
-         Venga, perdóname.
-         Eres un capullo.
-         Tienes toda la razón- reconoce, asintiendo con la cabeza.
-         Y un flipado.
-         Totalmente de acuerdo.
-         Y un gilipollas
-         Bueno…
-         Y un idiota- continúo, sin dejarle hablar.
-         Vale ya, ¿no?
-         Y un chulo de mierda.
-         Amanda…
-          Y un payaso- empiezo a decir, pero antes de terminar, Axel me coge en peso y me pone sobre su hombro, como si de una bolsa de patatas se tratase.
Intento escaparme de sus brazos sin ningún éxito. Primero con puñetazos, luego con patadas y final mente gritándole en la oreja.
-         ¡Axel, bájame! Que tengo vértigo. ¡Suéltame, por favor!- le digo, mientras que pego más patadas al aire.
Los turistas nos miran. Algunos sonriendo, otros horrorizados y otros sacándonos fotos que probablemente subirán a Tumblr o Instagram bajo el título de “Paris lovers”. Si ellos supieran.
-         ¿Vértigo? ¿También tenías vértigo cuando saltabas desde unas rocas al río totalmente desnuda?- contesta entre risas, mientras que se va a acercando al lago conmigo acuestas.
-         ¡Axel, por Dios, bájame!- ni puto caso- ¡Eh, no te acerques tanto al lago!
Cuando empieza a hacer el amago de tirarme al agua, una patada mía le alcanza en el pecho, tirándole al suelo y arrastrándome también a mí tras él. Mis manos apoyadas en el césped es lo único que me aparta de romperme el cuello y de chocarme con la cara de Axel.
Ahora esta es la imagen: Axel tumbado en el césped y yo tumbada encima de él a apenas unos centímetros de su boca.
-         ¿Me perdonas ya?- apenas las palabras salen de él, más bien solamente mueve los labios.
En realidad no ha pasado nada por lo que pueda perdonarle. De hecho, casi me tira al agua. Pero la manera con la que sus ojos me miran y su corazón late bajo su pecho, hace que quiera perdonarle de todo lo que me ha podido hacer.
-         Eres idiota.- pero esta vez no lo digo como un insulto. Parece que Axel lo nota porque me muestra una gran sonrisa.
-         Me podría quedar así todo el día, pero en París esto es escándalo público y la policía no tardará mucho en venir.
-         Pues será mejor que nos levantemos.

-         ¿A dónde quieres ir, señorita?
Nos habíamos sentado en un banco del parque. Estábamos comiendo palomitas recién hechas de un puesto que no tenía pinta de ser legal. Aún así las palomitas estaban de vicio. La puesta de Sol se cernía ante nosotros. Los últimos rayos hacían que el cielo tuviera colores naranjas, amarillentos y rosados. En otras circunstancias, habría pensado que estar tomando palomitas en un banco de el parque Monceau en París con un buenorro viendo la puesta de Sol era lo más cursi del mundo, pero cuando estás tanto tiempo sin tener compañía, cualquier cosa te es válida.
-         Tengo entendido que la noche de París es alucinante.- suelto con una indirecta muy directa.
-         Así es. Todos los monumentos se iluminan perfectamente…
-         Axel, sabes que no me refiero a eso.
Lentamente, gira la cabeza hacia mí, con esa estúpida y sensual sonrisa. Bajo los pocos rayos de Sol, su pelo parece más pelirrojo que nunca y sus ojos de un verde más intenso.
-         Oh Amanda, prepárate, porque te voy a llevar a las mejores discotecas en las que has estado nunca y probablemente no recuerdes nada mañana.- dijo, con esa típica sonrisa suya aún en los labios. 

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